Posted by Sr Chachalaca at October 3rd, 2006
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La masacre del dos de octubre de 1968 en la plaza de las tres culturas en Tlatelolco, ha dejado secuelas que aún hacen eco a 38 años de los acontecimientos. Mucho resentimiento, muchas culpas sin expiar, muchos crímenes sin explicar. Pero sobre todo, ha dejado a la sociedad y al gobierno, enfermos con el Síndrome de Tlatelolco.

Este padecimiento se manifiesta de dos maneras. En el gobierno se manifiesta como el temor al uso de la fuerza pública. Es el miedo intenso de los funcionarios a ser catalogados como represores y asesinos, aún cuando el uso legítimo de la fuerza esté justificado.

En la sociedad, se manifiesta como la errónea idea de que todo tipo de manifestación, por el hecho de enarbolar una bandera política debe ser permitida y tolerada.

La combinación de estos dos síntomas nos llevan a Atenco en el 2001, cuando un grupo de macheteros subyugaron al gobierno que por el síndrome de tlatelolco no quiso usar la fuerza pública para defender el derecho de los muchos ante la imposición de los pocos. Y ahora no tenemos aeropuerto, y el grupo de macheteros intentó de nuevo pisotear los derechos de teceros en el 2006.

Nos lleva también a Oaxaca, donde un grupo de organizaciones supuestamente sociales busca la destitución de un Gobernador por vías extrainstitucionales. Imponen su ley por fuera del derecho y con lujo de violencia.

Hay una teoría política sobre el origen del estado moderno. Esta teoría sostiene que el origen del estado moderno, es un pacto social sobre el uso legítimo de la violencia. Los individuos delegan su capacdad de ejercer violencia al estado. El estado concentra esta capacidad para disuadir a todo aquel que intente ejercer violencia fuera de la ley. El estado tiene el monopolio legítimo del uso de la violencia, para que los individuos no la ejerzan entre ellos.

Tristemente, el síndrome de Tlatelolco, impide al gobierno timorato a hacer uso de su legítimo monopolio, y envalentona a los manifestantes que ya exhiben conductas criminales para clamar represión.

Esto debe terminar. Nunca más un dos de octubre. Nunca mas el abuso de la memoria del dos de octubre para desarmar al gobierno en detrimento de los derechos de terceros.

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